septiembre 19, 2006

EDUCACIÓN: Los mapas mentales y la educación

Lechner se refiere a los mapas como formas de representación de la realidad social. Las cuales ayudan a delimitar el espacio, trazar límites, medir distancias, establecer jerarquías, revelar obstáculos y entornos favorables. Donde el conocer el marco espacial, permite hacer un mejor uso del tiempo. Además, permiten visualizar prioridades, fijar metas y diseñar trayectos adecuados al terreno. De esta forma, se construyen mapas mentales para hacerse una idea del mundo y para ordenar la complejidad de los asuntos humanos en un panorama inteligible. Sin embargo, Lechner va constatando como dichos mapas han comenzado a quedar obsoletos, pues las cosas han cambiado de lugar, los limites se han desplazados y los tiempos han cambiado. Produciendo un desfase entre los mapas con que se trabaja y la realidad social. Esta observación la centrara principalmente en el plano político.



De alguna forma, los mapas mentales y/o "los esquemas interpretativos ya no son capaces de organizar las creencias, y preferencias en identidades colectivas y “proyectos nacionales[1]. Ello conlleva a una erosión de los mapas cognitivos y la incapacidad de contar con códigos adecuados para dar cuenta de la nueva complejidad social.

Si bien, esta reflexión Lechner la plantea desde el ámbito político, no es difícil llevarla a diferentes espacios; Iglesia, educación, derecho, etc., pues existen en cada uno de ellos muchos ejemplos que dan cuenta de los desfases existentes entre los mapas y la realidad social. Podemos notar las transformaciones que han tenido cada uno de estos subsistemas, y, como a su vez, no han logrado actualizarse a las nuevas circunstancias que los rodean y que interaccionan con ellos. Entonces, cabe preguntarse por el papel debe cumplir la educación en estas transformaciones y procesos de actualización. Sobre el cómo redefinir sus componentes para fortalecer una nueva adaptación que sea capaz de dar cuenta de estos cambios y de adaptarse a ellos.

¿Cómo debe proceder la educación en cuanto el mundo ha modificado dos de las coordenadas básicas de nuestros mapas: el espacio y el tiempo?

No es una pregunta fácil de responder, sin embargo, ella misma encierra la respuesta. La educación debe modificarse. Deberá comprender las características de esta modificación de coordenadas. Por lo cual se tendrá que desarrollar un ejercicio reflexivo y critico donde tendrá que participar la sociedad en su conjunto, de modo que la actualización logre que los conocimientos, habilidades y actitudes que enseñen permitan a los alumnos y alumnas hacer frente a estas transformaciones.

Esto exigirá la flexibilización y recomprensión del proceso educativo, en el sentido, de que deberá entregar herramientas que permitan que los mapas mentales de los alumnos vayan adaptándose a las circunstancias particulares. Así la reestructuración deberá dar cuenta como refiere Lechner a 3 etapas fundamentales, en las cuales la educación tendrá el papel de llevarlas a cabo desde su posición. Primero, redimensionamiento de las escalas, la educación deberá promover la utilización de mapas a escalas más pequeñas los cuales permiten detallar mejor los territorios, es decir, que permitan comprender mejor la complejidad de la sociedad global actual. Segundo, reestructurar las representaciones simbólicas de la realidad, de tal manera, que los sujetos vuelvan a ver en ellas elementos con sentido. Tercero, actualizar las coordenadas de tiempo, de tal manera que la educación sea un espacio donde los alumnos y alumnas puedan y aprendan a proyectarse a largo plazo y dejen la inmediatez en que la sociedad ha ido insertando sus campos de acción.

Concluyendo desde la perspectiva de Lechner, podemos decir que la educación en su hacer, deberá ser capaz de reconstruir los mapas cognitivos. De tal manera que el aula, como espacio de observación e integración cognitiva de la realidad, sea fuente de dicha labor de manera concreta y responsable. Para que los estudiantes y estudiantas puedan ir actualizando sus propios mapas cognitivos, enfrentando desde este espacio las transformaciones de la sociedad actual con el objetivo de que estas no se vuelvan lejanas y se vacíen de sentidos para ellos y ellas. Además, será primordial llevar a la educación más allá de la mera racionalidad formal, en donde los medios terminen como fines propios, y propiciar una educación capaz de colocar a los estudiantes y estudiantas como participes en la creación de sus propias metas, fomentando de esta manera la autonomía, el pensamiento reflexivo, crítico y constructivo.
[1] Norbert Lechner (2002). “Las sombras del mañana: la dimensión subjetiva de la política”.

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