octubre 19, 2005

EDUCACION: Igualdad de oportunidades y equidad en la educación

El tema de la igualdad de oportunidades en la agenda pública ha sido fuertemente popularizado. En todo discurso político es utilizado como agente de eficacia discursiva. El concepto de igualdad se maneja en distintas temáticas de políticas públicas. Se han ido creando imaginarios sobre lo que significa igualdad. La población, poco a poco, ha ido percibiendo el peso que tiene esta frase, sin embargo, en la agenda pública se ha ido vaciando de contenido.

El desarrollo de los medios masivos de comunicación ha permitido a un mayor grupo de personas poder conectarse y conocer otras realidades. Los individuos acceden a mayores fuentes de información. Esto ha favorecido en una población, antes sumida en la ignorancia sobre la realidad social, la posibilidad de apreciar las inmensas diferencias sociales existentes en nuestro país. Los contrastes que ahora se pueden hacer, resultan escandalosos, los cuestionamientos sociales están floreciendo, la gente se da cuenta de las distintas realidades de los grupos socioeconómicos.

Es así como el discurso social sobre la igualdad de oportunidades ha ido perdiendo contenido, pues las personas ven que las promesas de igualdad quedan en palabras. Por otro lado, se promulgan leyes a su favor, para asegurar igualdad, pero experimentan la inutilidad de estas en un contexto de inequidad social. Pues, por mucho que una ley asegure igualdad de oportunidades, si los recursos que se requieren para poder acceder a dichas oportunidades no son distribuidos equitativamente, de nada sirven los compromisos de igualdad de oportunidades, pues estos quedan en latencia, a la espera de que puedan ser utilizados, siempre y cuando se tengan ciertas condiciones mínimas para poder acceder a ellos.

Antes de seguir revisando lo que significa igualdad de oportunidades y equidad en la educación, es conveniente detenerse en especificar lo que vamos a entender como igualdad de oportunidades y equidad. Veamos cómo define, cada uno de estos términos la Real Academia de la Lengua[i]. Dos acepciones del término de igualdad son: “Correspondencia y proporción que resulta de muchas partes que uniformemente componen un todo” y “Principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos”. Sobre el termino oportunidad dice: “Sazón, coyuntura, conveniencia de tiempo y de lugar”. Y sobre equidad: “Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece”.

En base a estas definiciones y tomando otros elementos ad hoc al tema de políticas publicas, podríamos definir Igualdad de Oportunidades como “la potencialidad que tiene cada individuo, asegurada por derecho, a poder acceder a todas aquellas posibilidades que la sociedad ofrece, de las cuales no se puede ser excluido, a no ser por una iniciativa o decisión propia de no querer acceder alguna de estas posibilidades”. Por su lado, equidad lo podemos definir como “la factibilidad de que dentro de un proceso de distribución de recursos u otros elementos, se reciban en relación proporcional a las cualidades o características que se tengan en relación con otros, de tal forma de asegurar la igualdad de condición en el inicio de toda tarea o actividad que se desee emprender en donde participan otros”.

Luego de esta breve demarcación de conceptos y significados, comenzaremos a continuación a revisar las implicancias, características y realidades que tienen estos términos en la Educación Chilena.


LA REALIDAD DE LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y EQUIDAD EN EL SISTEMA EDUCATIVO CHILENO

El informe “Reviews of National Policies for Education: Chile” desarrollado por la OCDE en Chile el año 2003, nos hace un relato de los distintos escenarios en donde los conceptos de igualdad de oportunidades y equidad en la educación pueden ir siendo contrastados, de tal forma de poder ir evaluándolos en la realidad del sistema educativo chileno.

El concepto de igualdad de oportunidades, el Ministerio de Educación de Chile lo ha tomado bajo la política pública de universalizar la educación, con leyes: en la actualidad, el Estado se compromete a entregar 12 años de enseñaba obligatoria. Entorno a esta política, el Estado conciente de que existen razones económicas y académicas para la permanencia de los alumnos en la enseñanza básica y media, ha dispuesto una serie de programas que ayuden a este propósito de escolarización y mantención de los alumnos en los sistemas educativos. Programas de subsidios y subvenciones como son el P-900, Programas de alimentación, becas a poblaciones indígenas, programas de retención específicos y el programa Montegrande para jóvenes en contextos marginales, han colaborado con este propósito.

Todos los programas anteriormente mencionados son focalizados, pero esta situación de focalización de las políticas públicas en los sectores mas carentes han ido decreciendo en pos de una universalización de las políticas educacionales; de tal manera que el concepto de igualdad de oportunidades se ha llevado en conjunto a un concepto de justicia equitativa, es decir, que los recursos y programas educacionales se han distribuidos equitativamente en el sistema educacional, no distinguiendo las diferencias que existen internamente.

Esto ha provocado muchos problemas posteriores de la instauración de los programas. Por ejemplo, el programa Enlaces, no toma en cuenta las dificultades técnicas que tienen escuelas en puntos geográficos aislados, donde fallas de capacitación o mantención de las tecnologías entregadas provocan que no puedan ser ocupadas y que el programa no tenga impacto. El aumento de los años de escolarización es complementado significativamente con programas para la población que tiene incompleta sus estudios y que con más años de educación obligatoria que se tengan, más marginados serán. La supervisión educacional no asigna más recursos a escuelas con dificultades para que sean supervisadas, por lo tanto, quedan excluidas, está el caso de que no son evaluadas por el SIMCE. La cobertura de la educación preescolar se ha ido ampliando, pero en los sectores de NSE bajo, donde mayor impacto tiene esta educación, reciben una de baja calidad. De esta manera, la falta de focalización de algunas políticas públicas solo reproduce mayores desigualdades, pues la igualdad de oportunidades debe ser llevada como un sentido de justicia proporcional, en el sentido de que la igualdad esté relacionada con las carencias de cada persona. Pues, de esta forma, nos iremos acercando a una educación más equitativa.

Estos problemas de inequidad en la educación que repercuten en la “real” igualdad de oportunidades, pueden ser verificados en distintos indicadores. Tenemos como principal indicador de estas inequidades los puntajes de las pruebas SIMCE, según el nivel de ingreso de las familias y el tipo de establecimiento. Así los establecimientos públicos y subvencionados, tienen más bajos puntajes que los establecimientos de educación privada, correlacionándose esto con los niveles socioeconómicos de los alumnos y alumnas.

Otro caso está en la TICs, en donde los alumnos de los hogares de niveles socioeconómicos bajo tienen un escaso acceso a computadores y a Internet, en cambio en los sectores socioeconómicos alto el acceso es muy superior. Lo que nos llama a pensar en las brechas tecnológicas que se van sucediendo, en una sociedad donde el uso de estas tecnologías son esenciales para el desarrollo laboral de los individuos, de tal manera que los sectores de NSE bajo de la población, quedan en una situación de desventaja.

Otro, es el del tamaño de los cursos, es decir, la cantidad de alumnos y alumnas por sala de clase. En los colegios públicos y subvencionados el número de alumnos promedio es bastante superior al de los colegios particulares. Repercutiendo en la calidad y seguimiento educativos de los alumnos y alumnas, donde los más afectados son los niños de menor edad en quienes este factor es más determinante.

Dentro de los resultados visibles de todas estas inequidades de la educación podemos mencionar los siguientes[ii]:
- Los sistemas de educación básica y secundaria continúan siendo altamente segmentados con considerable desigualdad en los resultados educacionales.
- Las reglas del juego son diferentes – y de manera muy injusta – para las escuelas municipales y privadas. Las escuelas privadas pueden tanto seleccionar como expulsar. Las escuelas municipales – con la excepción de las pocas prestigiosas, que tienen gran demanda – están obligadas a aceptar a todos los estudiantes que piden acceso a ellas.
- El sistema educacional está concientemente estructurado por clases. Sostiene que es de libre elección para que los padres escojan las escuelas que quieren para sus hijos, y esto supuestamente produce el bien mayor para un mayor número, pero en la práctica, la selectividad por escuelas y un énfasis en la “selección” produce un sistema altamente estratificado en el cual hay una creciente concentración de niños en escuelas con niños de antecedentes socio-económicos similares.
- Las condiciones que favorecen la segmentación entre escuelas municipales y privadas subvencionadas han aumentado, realmente, desde que el gobierno democrático asumió el poder. En 1993, a las escuelas particulares subvencionadas se les permitió cobrar colegiatura, y los subsidios disminuyeron menos que de manera proporcional. Este es claramente una vía hacia una mayor privatización de la educación – la carga en el gasto privado de parte de las familias es mayor. Pero también explica por qué la composición social de los establecimientos municipales y los subvencionados en forma privada se está diferenciando cada vez más.

Todos estos elementos son el resultado de una educación en un contexto de inequidad. Como se ha querido mostrar, el camino para superar la igualdad de oportunidades de alumnos y alumnos va estar relacionado con la capacidad de las autoridades públicas de comprender el concepto de equidad como un estado anterior necesario antes de poder entablar el tema de la igualdad de oportunidades, pues de esta forma se asegura un nivel base para que los alumnos y alumnas puedan optar y competir en igualdad de “condiciones” antes de poder acceder a la igualdad de oportunidades que se les aseguran.

EL SIMCE COMO ELEMENTO DE REPRESENTACIÓN Y REPRODUCCIÓN DE LA INEQUIDAD EN LA EDUCACIÓN

El SIMCE es una herramienta que puede servir a las familias como un indicador que les permite a las familias evaluar y comparar las escuelas en donde quieren que ingresen sus hijos a estudiar. Pues, con un sistema de subsidios a la demandas, las familias deben ir al mercado educacional para comparar y evaluar cuál es la mejor educación a las que ellos, como familia, pueden dar a sus hijos con una cantidad de recursos determinados. Es así como el SIMCE funciona como una herramienta que facilita en muchos casos la toma de decisiones de las familias, suponiendo una elección racional donde este indicador entrega una información de calidad del producto. “Sin embargo, este indicador puede generar otras distorsiones. En particular potencia el más complejo de los problemas asociados a un subsidio a la demanda, la llamada “competencia-S” (Glennerster, 1993): una forma de mejorar el resultado promedio de una escuela es excluir de ella a los alumnos de menor rendimiento, potencial (por ejemplo, estudiantes más pobres) o real. Esto tiene efectos negativos directos sobre los alumnos y las familias afectadas, distorsionan la competencia por calidad educacional y acrecientan la segmentación social del sistema escolar. (…). En este contexto, los establecimientos educacionales optimizarán sobre el valor del indicador y no sobre la verdadera calidad de su producto”[iii]. Estas frases nos invitan a reflexionar como el sistema educativo puede ir reproduciendo a través de políticas o sistemas de evaluación, mayores niveles de inequidad en la población escolar.

Como vemos en este caso, si las políticas públicas se centran en mejorar sólo indicadores, se puede caer en estos problemas, pues a pesar de lo que se piensa, esperar que la calidad de la educación se pueda mejorar con sistemas evaluativos donde los establecimientos se rankeen con el objetivo de que esa competencia haga mejorar su calidad, lo que puede traer repercusiones contraproducentes en diversos ámbitos no esperados. Como queda dicho en el texto, el SIMCE puede ser capaz de aumentar la segmentación de los alumnos, donde los alumnos de bajo rendimiento comienzan a ser segregados o las escuelas se centran solo en preparar el SIMCE, dejando de lados los planes curriculares, por ejemplo. Todos estos elementos producen inequidad, ya que implican discriminaciones, como los resultados muestran que los alumnos de NSE más bajo tienen menores puntajes, lo que invitaría a excluirlos de las escuelas que pretenden excelencia en el SIMCE. Y así se podrían dar múltiples casos, en donde se amplificarían las desigualdades de educación con respecto a la calidad e igualdad de oportunidades.

Pienso que la lección de este caso y de lo anteriormente expuesto en el presente documento es que toda política educativa, para que sea favorable en equidad e igualdad de oportunidades, debe ser focalizada, centrada en las realidades socioculturales de los afectados, deben tratar de distribuir los recursos de manera de generar condiciones de igualdad, la educación debe ser considerada más que resultados en indicadores, como un proceso integral de formación donde la calidad sea lo primordial en la jerarquización de las necesidades por cubrir. Y una vez aseguradas estas condiciones se debe universalizar. Pues si no las políticas públicas sólo pasan a ser actos simbólicos en el cual los avances se miden en potenciales resultados o en eficacias simbólicas, más que de impactos concretos. No se saca nada que la red Enlace llegue a localidades lejanas, y se cree el imaginario de que se están integrando en el proceso de las TICs a la escuela, si sólo funciona un computador y este no es un real apoyo para el proceso educativo.


[i] Real Academia de la Lengua (RAE). Sitio Web: http://www.rae.es/. Visitado: 13 de abril, 2005.
[ii] OCDE ,2004, Reviews of National Policies for Education: Chile. Leer Parte II, capítulo 7
[iii] MINEDUC, 2003, Políticas educacionales en el cambio de siglo. Cristian Cox, editor. Parte IV. Cap. 12 Gonzáles, Pablo.

2 comentarios:

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